jueves, 27 de marzo de 2008

MI COMPAÑERO DE VIAJE


Tráeme un color en tu mente. Cuanto antes la tomes del arco iris ha de ser mejor. Sí por mirar donde pisas no has mirado el arco iris o sencillamente, ha sido para ti una pérdida de tiempo, no importa; puedes desarrollar un arco iris juntando tus amigos, familiares y demás personas, y verás que no te faltan colores.
Toma los colores de sus vestidos y ordénalos haciendo tu propio arco iris, y si no te resultan suficientes, sonríe; pues… no te falta nada. Tienes el verde, el amarillo, el azul y el blanco en el blanco están todos los colores que necesitas. Tú mismo has pasado a ser un arco iris y puedes pintar el color de tu vida… Pinta despacio, cálido y sencillo…

¿Qué forma de arco iris podrías ser? – Abandona la rigidez y no te quedes en la mitad, cierra el círculo no seas un arco iris común y corriente. Sé uno de los más altos… uno alrededor del sol.

¡Me estoy quemando! – enunció una fémina.
¡No! – Replicó mi compañero - Estamos lo suficientemente lejos como para no quemarnos y lo suficientemente cerca para mantenernos calientitos. Un poco adormecidos… y esto es como estar del lado de la muerte. ¡Vamos a movernos!

Muévanse de un lado para otro –ordenó mi compañero de viaje – Sintoniza tu cuerpo con cada uno de los colores de tu arco iris y con cada nota que escuchas ahora.

En un abrir y cerrar de ojos se transformó mi compañero de viaje. Se entregó por entero en una danza que solo él parecía saber. Con soltura, desenfado, encanto y con mucha gracia, danzaba ceremoniosamente. Dejó de parecerse a él, pasó a ser parte de un todo que yo empezaba a vislumbrar. ¡Se le veía universal, cósmico!

Más tarde nos llevó por un viaje de imágenes, sonidos y sensaciones… y no recuerdo más. De vuelta a mi misma, en un principio no sentí nada, luego me sentí interminablemente extensa y hueco por dentro, en paz conmigo misma y con mi entorno. Por primera vez sentí un amor sin deseo ni sexualidad, fluía desde una fuente más grande que yacía dormida muy dentro de mí. Quería vivir todo aquello que brotara espontáneamente de mí.

Fui donde él… Le miré a los ojos, le abrasé y le besé, le amaba. Sentía que de verdad él me amaba como nadie había hecho en mi vida. Anhelaba juntar eternamente mi cuerpo al suyo, y más que eso; juntar historias, deseos, placeres y creencias, por siempre. Unirme al hombre y a su humanidad, sin sexo de por medio.

Sí en algún momento pensé quién era mi compañero de viaje, esa tarde realmente no sabía con quién estaba, quién era él. ¿Un terrenal o quién es? – Hablaba diferente, veía cosas que otros no podían ver, lo que era imposible para mí era posible para él, celebraba hasta sus tristezas.
Al despedirme me tomó de las manos, miró mis ojos, miró mis pies y luego a mis zapatos que había dejado en el umbral de la puerta, y solemnemente me dijo: “En esos zapatos va otra mujer, no la que vino. El color que tomaste del arco iris llévalo contigo todo el tiempo del mundo” – Me sentí tocar el cielo... Reparé en él y vi el amor en sus ojos, la alegría, la tristeza y la soledad. No sé mas como decirlo pero había en él algo muy especial… Aún tengo sus ojos divinamente sintonizados con los míos.
Mientras los demás gozosamente nos hermanábamos, él silenciosamente tomó sus cosas y se fue como había venido, sólo. Se perdió en el asfalto por donde había venido. Desde ese entonces va conmigo… Puedo asegurar que siempre está conmigo, en dormir y vigilia.


“La vida es un lienzo en blanco”. No sabía que se traían con este título, pero como andaba yo buscando algo que me sacara del bache donde había caído, asistí a la conferencia - Habían pasado varios meses que no estaba metida en algo que me entonara –. En otras conferencias me pasaba preguntando una y otra cosa, pero en esta ocasión no tenía nada que preguntar, el tema me resultaba harto conocido, y es más, yo sabía de una persona que vivía así: con inocencia, humildad, sin esquemas, con el corazón en su mano, arriesgándolo todo por la vida, celebrando las cosas pequeñas como algo muy grande, amando sin exigencias ni expectativas, dando todo lo que tenía. Esa persona que parecía fuera de nuestro tiempo, habitaba conmigo la misma ciudad; podían verlo a la luz y sombra, a lo grande y pequeño. Esa persona, el conferencista, era mi compañero de viaje.

Decidí seguir sus pasos. Conmovida por la decisión que acababa de tomar, mis lágrimas no las podía detener, cayeron y cayó cual llovizna matutina, mojándome la blusa. Felicidad y tristeza era todo mí ser. Me volví muy vulnerable, veía romperse uno y otro paradigma dejándome al borde de lo desconocido. Si lloré un día, una semana, un mes o toda una estación, es muy poco; desde ese entonces lloro con facilidad, muchas veces de la nada y por nada. En ocasiones he reído de mi tristeza y hasta he tratado de celebrarla danzando tal como mi compañero de viaje.

Me interesé por saber de su vida. En principio, no era más que el hombre perfecto con la familia perfecta que toda mujer quisiera tener. Para los demás hombres era un hueso duro de roer. Yo le había escuchado hablar en otros contextos y le había visto en otras facetas, y no era la imagen que él tenía ante los ojos de los demás. Era un terrenal como cualquier otro.

A medida que le conocía me encontraba a mí misma. La pequeña o gran diferencia consistía en que mientras todos nosotros andábamos ocupados en mirar lo suficientemente lejos y tenerlo todo planificado y seguro, él no miraba más que el hoy. Se despojaba día a día del poco de ego que le quedaba, vivía en las cosas pequeñas y sencillas que hoy a nadie interesa. Asume el riesgo por la vida, habla como despidiéndose, parece saberse morir al atardecer, por la noche o la mañana siguiente. No va ni viene, se detiene; su único peregrinaje es al encuentro consigo mismo y con los demás, y con todo aquello donde no intervenga la mano del hombre.

En su forma de hablar y de mirar hay tantas cosas que no puedo explicar, pero te eternice y en ello no cabe otra cosa que dejarte ir con él. Es como un misterio, como alguien que buscaste toda tu vida y tan fácil le encontraste, y que no quieres privarte de él, solo seguir y seguir…

Alguien que te transporta por caminos nuevos, flotando por encima de lo cotidiano.

Liz !

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